El efecto diapasón y sus consecuencias

 

Si digo diapasón, no todo el mundo tiene por qué conocer lo que es un diapasón (yo antes tampoco lo sabía) y el efecto diapasón, si no eres reikista, tampoco sería normal que lo conocieras pero si yo te pongo dos situaciones seguro que te suenan de lo más familiares: una persona va en un coche y otro coche se para y no arranca. Uno empieza a pitar e incluso a insultar y en cuestión de minutos, estás en medio de un concierto de bocinas e insultos. Todos se han vuelto locos. O, sin ir más lejos, podemos hablar del primer día de rebajas: tienes en tu mano una prenda y alguien te la arrebata: y se matan o pelean por un jersey. Conductas así -o la que me ha pasado hace un rato- son incomprensibles pero, conociendo el efecto diapasón, se pueden llegar a entender con total claridad.

 

Un diapasón según la R.A.E. es: un dispositivo de acero doblado en forma de horquilla con pie, que, cuando se hace sonar, da 440 Hz o vibraciones por segundo, correspondientes a la nota la natural, utilizada para regular voces e instrumentos musicales.

 

Un diapasón normal es el sonido del diapasón normal tomado como referencia para la entonación de voces y afinación de instrumentos.

 

Es decir, si queremos afinar un instrumento en una nota, al sonar el diapasón hará que se afine y vibre ese instrumento en esa nota; automáticamente un diapasón hará por su vibración que otro instrumento empiece a vibrar en la misma frecuencia vibratoria.

 

Y eso es lo que nos pasa a los seres humanos. Nos creemos equilibrados, racionales y coherentes hasta que dejamos de serlo. En cuanto alguien nos saca de nuestras casillas, de nuestra zona de confort o como se suele decir “nos tocan las narices” saltamos, sea en la fila del autobús, en un coche, en la pescadería o donde sea. Pero no todos saltamos por lo mismo. Comprobaremos que, por ejemplo, mientras alguien se parte de risa en una película, otros lloran, o a veces a alguien las cosas le afectan más de la cuenta mientras que para ti pasan desapercibidas. El efecto diapasón nos hace ver aquello que reside oculto en nuestro interior y que aún está por descifrar o trabajar, es decir, por sanar. Si alguien te tira sin querer una cerveza en un bar o un café en una cafetería y tú le empiezas a insultar o te vuelves loco durante unos segundos, significará que tienes mucha rabia, ira y frustración acumulada en tu interior. Si además, -pongamos que estás en un bar- esa cerveza cae sobre tu amigo, casi con total seguridad que, automáticamente, tu amigo estará tan ofuscado como tú porque habrá afectado por igual a los dos. Es decir, siempre que un hecho o circunstancia que suceda haga salir a la luz lo peor de ti será una señal para que bucees en tu interior y te decidas a cambiar. En el fondo te hará de espejo, mostrándote eso que eres o tienes dentro de ti y que desconocías o por pereza o ignorancia habías dejado estar.

 

Generalmente nos hacen de espejo esas situaciones incómodas o que no nos gustan porque, si alguien alegre y maravilloso o con mucha energía positiva te la transmite y no solo a ti sino a cualquier persona que te acompaña, ahí podrías descubrir toda la felicidad o amor que tienes dentro y que aún está por salir. Pueden suceder situaciones aún más extrañas como la que he presenciado hoy. Hacía mucho tiempo que no lo veía con mis propios ojos. Se supone que algo “malo” ha de pasar para que alguien reaccione mal o de manera desmedida. No, ni siquiera es necesario. A veces el odio, la frustración o la amargura se dejan ver sin ni siquiera hacer nada. Iba por la calle y de repente he escuchado a una señora que andaba delante de mí decir “asquerosos”. He tardado unos segundos en reaccionar porque no daba crédito. No me he fijado en quiénes eran, he visto a dos hombres  que iban hablando por la calle y al pasar a unos centímetros de la señora, a un espacio normal, sin rozarse, la señora les ha insultado. No me he fijado en esas personas, ni sé si ha sido un acto racista porque no he reparado en ellos pero el odio de esa mujer ha hecho que sólo por pasar cerca de dos seres humanos que no le agradaban a ella a nivel personal (no los habría visto en su vida) le ha hecho decir en bajo -pero la he oído- y con mucho odio “asquerosos”.

 

Por supuesto que también ha repercutido en mí porque, me ha dejado tan atónita que, la he adelantado, me he vuelto, la he mirado y he seguido mi camino. Pero sólo al verla y verme cómo me ha mirado, he podido ver sus ojos llenos de rabia clavados en mí. Ya no he oído lo que habrá murmurado.

 

Pues ése es el efecto diapasón: alguien tiene dentro energía enquistada, enferma, sin liberar, sea odio, agresividad, tristeza, frustración, dolor o un largo etcétera y, al ocurrir algún hecho, esta persona hace aflorar esos sentimientos. Y, por efecto diapasón, las personas que se encuentran alrededor de esta primera persona empiezan a vibrar en su misma frecuencia o dial sacando a su vez de su interior -si la tienen- esa rabia, odio o frustración que también tenían dentro. Es un efecto rebote. Y todos acaban vibrando igual sea en positivo o en algo más mezquino.