¿Qué sucede en una sesión de Reiki?

 

Mucha gente sigue pensando que Reiki es… poner unas manitas y dormirse un rato. Y así podría ser porque, aparentemente, a priori, alguien podría contestar “Nada, no pasa nada. Me duermo un rato, me relajo y a veces veo colores…”. Ésta sería una respuesta muy típica.

 

Pero la realidad es otra muy diferente y en una sesión de Reiki -al menos, planteada de una manera “profesional”-, suceden muchas cosas, sobre todo a nivel físico.

 

Debemos tener presente en todo momento que, cuando nos damos Reiki o acudimos a alguien para que nos dé Reiki, es por algo, hay un motivo detrás de ello: un problema, una dolencia o un malestar sea físico, mental o emocional.

 

Pues bien, al dar Reiki “trabajaremos” con diferentes técnicas esos bloqueos energéticos para poderlos disolver, eliminar, rebajar…

 

Por eso:

 

El paciente tendrá un motivo a tratar, un fin de la consulta.

 

El terapeuta “investigará” o preguntará hasta obtener dónde se encuentra el malestar, cuál es la emoción “atrapada” y a partir de ahí, podrá dar Reiki de diferentes formas utilizando las múltiples técnicas avanzadas que existen.

 

A través de su respiración, moviendo la energía enquistada (bloqueo) permitiremos que el paciente libere -generalmente por los pies- todo ese caudal energético denso. Otras veces liberará por boca (bostezos/tos) o a través de los ojos (lágrimas), incluso por manos.

 

A lo largo de la sesión, a medida que esa energía se va liberando, el paciente podrá sentir diferentes “sensaciones” físicas:

 

Mucho frío

 

Mucho calor

 

Energía que se mueve

 

Presión

 

Palpitaciones

 

Escalofríos

 

Espasmos

 

Eso significa que esa persona está “sacando” y expulsando de su cuerpo físico esa energía tóxica, densa.

 

Otras veces, el terapeuta ayudará con técnicas más avanzadas para que la liberación, - en vez de realizarse de manera natural- se haga más rápidamente, en ese caso se “extraerá” ese bloqueo, esa energía enquistada (por ejemplo, con la técnica de la Cirugía Astral).

 

Por lo tanto, en una sesión de Reiki suceden muchas cosas, sea o no consciente el paciente de todo ello, incluso si se ha quedado dormido a lo largo del proceso.

 

Dicho esto, el paciente, cuando es consciente de todo el proceso o está interactuando con el terapeuta (por ejemplo, si utilizamos PNL), sentirá emociones a flor de piel o incluso si hemos encontrado un “bloqueo” que le producía “dolor”, esos minutos mientras damos Reiki en la zona, notará incluso que ese dolor se incrementa hasta que finalmente vuelve a “bajar”, hasta desaparecer.

 

Obviamente, en el transcurso de todos estos minutos, además de la ya mencionada “liberación física” de la energía que resulta evidente, el paciente habrá cambiado en un nivel emocional y mental. En este proceso, siendo consciente o no, habrá realizado algún “clic” interno y, generalmente, casi al cien por cien, al finalizar, emocionalmente se sentirá mucho mejor, le resultará mucho menor el peso de su “mochila emocional” y estará más contento y animado.

 

A nivel mental también habrá cambiado probablemente “algo” en su interior, su punto de vista tendrá mayor amplitud mental o habrá hecho, - como acabo de explicar-, algún “clic” que le haga ver la vida de otro modo.

 

Y todo esto sucede en una hora. Esto es lo que realmente sucede en una sesión de Reiki.